Mi Visión del Yoga

Lorena Servia Fernández (Ferrol, 1978)

Nací en el seno de una familia muy humana, con gran vocación de servicio. Ya desde niña me atraía el mundo espiritual y el campo social.

Soy diplomada en Turismo por la Universidad Juan Carlos I de Madrid y licenciada en Traducción e interpretación (UAB de Barcelona) He trabajado para prestigiosas empresas del sector turístico, lo cual me ha llevado a viajar por medio mundo.

En el año 2005 empecé a practicar yoga en Barcelona. En el año 2006 me trasladé a trabajar al sudeste asiático, en Kuala Lumpur, y la experiencia que viví allí daría un giro total a mi vida que me hizo entender que las necesidades de mi alma iban por otros derroteros.

En el año 2010 me mudé a Murcia para estudiar con un gran ser humano y yogui al que me une una gran amistad y profundo agradecimiento: el gran profesor Juan Ortiz. De su mano conocí la belleza y la profundidad del camino y los valores yóguicos, algo que me cautivo profundamente hasta el punto de decidir formarme como profesora. Desde entonces hasta el día de hoy no he dejado de practicar, investigar y formarme en varias ramas y estilos de yoga.

Mi primer viaje a India para cualificarme como profesora de yoga fue en el año 2012, donde viví en la comunidad espiritual Sri Kali (Goa).

Durante mi estancia colaboré con una ONG maravillosa Buddha Smile School (BSS) (La escuela de la sonrisa del Buda) donde enseñé yoga a niños de la calle considerados dhalits (intocables), una de las experiencias más satisfactorias de mi vida.

A mi regreso de India tuve la suerte de iniciarme en algo que me apasiona: el yoga como herramienta social, en la comunidad terapéutica “Sagrada Familia” de Orense, dedicada  a la rehabilitación de personas con problemas de alcoholismo y en la asociación “Cadabullo” que atiende a personas con patología dual.

En el 2015 pedí una excedencia en mi labor como intérprete a bordo de cruceros y volví a Murcia. Enseñé yoga en varios centros de la mujer y en centros culturales. Propuse un programa específico a la Asociación Adaner, yoga dirigido a adolescentes con trastornos alimenticios y también colaboré con el CAVI (centro de atención a la violencia de género) impartiendo clases a mujeres maltratadas.

Posteriormente la administración de la Región de Murcia me invitó a participar como ponente en las jornadas profesionales formando a trabajadores y psicólogos de la red contra la violencia de género con la ponencia “Mindfulness y atención consciente y sus beneficios terapéuticos”.

En julio del 2015 me certifiqué en el Ice (Instituto de Ciencias de la Educación) de Barcelona como instructora en el programa de atención consciente y mindfulness aplicado al ámbito docente “Escuelas Conscientes”, basado en las enseñanzas del monje vietnamita Thich Nhat Hanh.

Mi amor por la infancia me ha llevado a formarme con la afamada profesora de yoga para niños, Christine McArdle Oquendo y desde Julio del 2015 soy instructora certificada por el organismo británico BWY de Yoga para niños con necesidades específicas, (niños con síndrome de Down, autismo, TDA, etc) programa creado por la experta del Reino Unido Jo Manuel.

En el 2016 seguí la formación “Yoga Kids” de Cayetana Ródenas  para niños y finalice un año intensivo de inmersión y formación en Madrid el Yoga Anusara en la escuela de Gisela Vázquez.

Admiro la belleza de la tradición tántrica clásica y en especial del shaivismo de Cachemira y he recibido enseñanzas de maestros como Carlos Pomeda y Bill Mahoney en sus visitas a España.

Actualmente estoy finalizando estudios de Educación infantil e imparto clases grupales y privadas de yoga y mindfulness para adultos y niños y enseño yoga en familia y en el ámbito educativo también.

Hoy en día el yoga que practico y procuro compartir con los que acuden a mis clases es, como aprendí de la mano de mi profesor “El yoga para la vida”. Un yoga profundo, que va más allá de la mera parte física, un yoga alejado de oscurantismos y exotismos y de los estereotipos en que se ha visto envuelta últimamente esta ciencia milenaria.

En mis clases he oído cientos de veces las frases típicas que podrían disuadir a alguien inicialmente: “No soy flexible, no puedo hacer yoga” “No puedo parar mi mente” y otras expresiones del estilo y no deja de sorprenderme su reacción de sorpresa tras las primeras clases: “Nunca pensé que pudiera llegar a estar tan relajado, o que pudiese hacer esta postura”

El yoga en el que creo es un yoga integral, adaptado a cada ser humano, sea cual sea su condición, edad, estado físico y problemática. Es un yoga que celebra la vida y la esencia más profunda de cada persona, un yoga que nos hace más humanos y nos permite recobrar una dimensión diferente de la vida, mejorar nuestro día a día, nuestra salud y nuestro equilibrio cuerpo-mente

Siguiendo esta misma línea humanista, hay una dimensión del yoga que me apasiona y en lo cual creo firmemente: el “yoga social”, entendiéndolo como una herramienta que ayuda a promover cambios y a mejorar la calidad de vida de ciertos colectivos: Personas mayores, invidentes, niños con síndrome de Down u otras necesidades específicas.

Paralelamente, desde Maranatha yoga impulsamos programas especiales dirigidos a grupos con problemáticas específicas: mujeres maltratadas, adolescentes, jóvenes con trastornos alimentarios, adultos en prisión o viviendo en comunidades terapéuticas, en proceso de rehabilitación de dependencias, etc.

Entendemos que el camino al bienestar inicia desde el mismo instante presente en el que nos encontramos, que hay un yoga adaptado a cada individuo y que, como decía el viejo adagio hindú: “la más larga caminata comienza con un paso”

+ Acerca de mi

Lorena Servia Fernández (Ferrol, 1978)

Nací en el seno de una familia muy humana, con gran vocación de servicio. Ya desde niña me atraía el mundo espiritual y el campo social.

Soy diplomada en Turismo por la Universidad Juan Carlos I de Madrid y licenciada en Traducción e interpretación (UAB de Barcelona) He trabajado para prestigiosas empresas del sector turístico, lo cual me ha llevado a viajar por medio mundo.

En el año 2005 empecé a practicar yoga en Barcelona. En el año 2006 me trasladé a trabajar al sudeste asiático, en Kuala Lumpur, y la experiencia que viví allí daría un giro total a mi vida que me hizo entender que las necesidades de mi alma iban por otros derroteros.

En el año 2010 me mudé a Murcia para estudiar con un gran ser humano y yogui al que me une una gran amistad y profundo agradecimiento: el gran profesor Juan Ortiz. De su mano conocí la belleza y la profundidad del camino y los valores yóguicos, algo que me cautivo profundamente hasta el punto de decidir formarme como profesora. Desde entonces hasta el día de hoy no he dejado de practicar, investigar y formarme en varias ramas y estilos de yoga.

Mi primer viaje a India para cualificarme como profesora de yoga fue en el año 2012, donde viví en la comunidad espiritual Sri Kali (Goa).

Durante mi estancia colaboré con una ONG maravillosa Buddha Smile School (BSS) (La escuela de la sonrisa del Buda) donde enseñé yoga a niños de la calle considerados dhalits (intocables), una de las experiencias más satisfactorias de mi vida.

A mi regreso de India tuve la suerte de iniciarme en algo que me apasiona: el yoga como herramienta social, en la comunidad terapéutica “Sagrada Familia” de Orense, dedicada  a la rehabilitación de personas con problemas de alcoholismo y en la asociación “Cadabullo” que atiende a personas con patología dual.

En el 2015 pedí una excedencia en mi labor como intérprete a bordo de cruceros y volví a Murcia. Enseñé yoga en varios centros de la mujer y en centros culturales. Propuse un programa específico a la Asociación Adaner, yoga dirigido a adolescentes con trastornos alimenticios y también colaboré con el CAVI (centro de atención a la violencia de género) impartiendo clases a mujeres maltratadas.

Posteriormente la administración de la Región de Murcia me invitó a participar como ponente en las jornadas profesionales formando a trabajadores y psicólogos de la red contra la violencia de género con la ponencia “Mindfulness y atención consciente y sus beneficios terapéuticos”.

En julio del 2015 me certifiqué en el Ice (Instituto de Ciencias de la Educación) de Barcelona como instructora en el programa de atención consciente y mindfulness aplicado al ámbito docente “Escuelas Conscientes”, basado en las enseñanzas del monje vietnamita Thich Nhat Hanh.

Mi amor por la infancia me ha llevado a formarme con la afamada profesora de yoga para niños, Christine McArdle Oquendo y desde Julio del 2015 soy instructora certificada por el organismo británico BWY de Yoga para niños con necesidades específicas, (niños con síndrome de Down, autismo, TDA, etc) programa creado por la experta del Reino Unido Jo Manuel.

En el 2016 seguí la formación “Yoga Kids” de Cayetana Ródenas  para niños y finalice un año intensivo de inmersión y formación en Madrid el Yoga Anusara en la escuela de Gisela Vázquez.

Admiro la belleza de la tradición tántrica clásica y en especial del shaivismo de Cachemira y he recibido enseñanzas de maestros como Carlos Pomeda y Bill Mahoney en sus visitas a España.

Actualmente estoy finalizando estudios de Educación infantil e imparto clases grupales y privadas de yoga y mindfulness para adultos y niños y enseño yoga en familia y en el ámbito educativo también.

+ Mi visión del Yoga

Hoy en día el yoga que practico y procuro compartir con los que acuden a mis clases es, como aprendí de la mano de mi profesor “El yoga para la vida”. Un yoga profundo, que va más allá de la mera parte física, un yoga alejado de oscurantismos y exotismos y de los estereotipos en que se ha visto envuelta últimamente esta ciencia milenaria.

En mis clases he oído cientos de veces las frases típicas que podrían disuadir a alguien inicialmente: “No soy flexible, no puedo hacer yoga” “No puedo parar mi mente” y otras expresiones del estilo y no deja de sorprenderme su reacción de sorpresa tras las primeras clases: “Nunca pensé que pudiera llegar a estar tan relajado, o que pudiese hacer esta postura”

El yoga en el que creo es un yoga integral, adaptado a cada ser humano, sea cual sea su condición, edad, estado físico y problemática. Es un yoga que celebra la vida y la esencia más profunda de cada persona, un yoga que nos hace más humanos y nos permite recobrar una dimensión diferente de la vida, mejorar nuestro día a día, nuestra salud y nuestro equilibrio cuerpo-mente

Siguiendo esta misma línea humanista, hay una dimensión del yoga que me apasiona y en lo cual creo firmemente: el “yoga social”, entendiéndolo como una herramienta que ayuda a promover cambios y a mejorar la calidad de vida de ciertos colectivos: Personas mayores, invidentes, niños con síndrome de Down u otras necesidades específicas.

Paralelamente, desde Maranatha yoga impulsamos programas especiales dirigidos a grupos con problemáticas específicas: mujeres maltratadas, adolescentes, jóvenes con trastornos alimentarios, adultos en prisión o viviendo en comunidades terapéuticas, en proceso de rehabilitación de dependencias, etc.

Entendemos que el camino al bienestar inicia desde el mismo instante presente en el que nos encontramos, que hay un yoga adaptado a cada individuo y que, como decía el viejo adagio hindú: “la más larga caminata comienza con un paso”